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sábado, abril 28, 2007

Miserias del Saló II: Las Exposiciones

Dionígenes continúa su diatriba. Citando a Catón el Grande: "Oh, tempora, oh, mores".


Este fue el año de las conmemoraciones: 25º Salón de Barcelona, 80 cumpleaños de Uderzo, 30 años del Jueves... pero al final, no fue diferente de otros años; (me vine a enterar que había sido el 25 Salón, cuando volví y lo leí en otra reseña), en todo caso, más de lo mismo: pero me gustaría comentar las exposiciones; como buen crispañol, solo hablaré de lo que no me gustó; de lo que me produjo odio y rencor hacia sus autores, ya hablaron otros (no existe la envidia sana, desengañémonos).

El primer día es cuando se puede pasear tranquilamente y ver las exposiciones con calma, hasta que llegan los políticos y lo dejan todo perdido de babas, revolucionando todo.

Esos sí, teniendo en cuenta lo que cuesta la entrada y la importancia del Salón, el mayor de Crispania o de Catalunya (hay dos escuelas de pensamiento) las exposiciones sabían a poco, la verdad; vamos, que se podía haber estirado algo más.

la Revista que sale los miércoles conmemoró sus 30 años sin un solo original a la vista, los muy roñicas; en cambio, hicieron un montaje con reproducciones de algunas portadas impresas en una especie de tentetiesos con forma de sacos de boxeo, o eso debían creer los frikis que desahogaban sus excesos hormonales metiéndoles estampidos; la cosa tenía su gracia cuando tumbaban alguno sobre una familia, (carrito de bebé incluido) que deambulaban por ahí. Palabra.

Para el 80 cumpleaños de Albert Uderzo, (siempre se van los mejores) se ha publicado un álbum, en el que varios autores homenajean a Ásterix, (incluido Forges) realizando sus propias versiones; algunos con más gracia, otras con ninguna, pero es que es muy difícil imitar a Goscinny, como debería saber el Sr. Uderzo.


También pude ver la historia de Cataluña en historieta, a través de varios tebeos de distintos autores, de los que no tengo nada que decir, salvo de una adaptación del Conde de Montecristo
a la postguerra española; la idea me pareció muy buena, el dibujo, no, lo que me cabreó y alegró por partes iguales al ver a un dibujante peor que yo que tiene más voluntad para poder publicar.


300” Aprovechando el estreno de la película se montó una exposición, claramente echa a la carrera y con una decoración más austera [Es decir, “espartana”, pal que no lo pille] imposible. Que propio.

“Blacksad”: J.L. Guarnido es un dibujante cojonudo, de acuerdo, pero su exposición es prácticamente la misma que hace tres o cuatro años. Roñicas, me afirmo.

También hubo un montón de conferencia y charlas de autores; me gustaría criticarlas, pero el caso es que solo fui a dos. Eso sí, la sala de actos eran cuatro paneles sin techado que permitían que se oyera todo lo que ocurría fuera de ella y lo que ocurría era una turbamulta de frikis, algunos con megáfono, así que imaginen el escándalo; mención aparte de los espartanos, que estaban calladitos.

miércoles, abril 25, 2007

Miserias del Saló I

Nuestro intrépido reportero Dionígenes nos envía esta apasionante (ejem) serie de artículos sobre el pasado Saló Internacional del Cómic de Barcelona.

Haciendo honor a mi nombre, acudí al salón del Cómic de Barcelona a fin de hacer acopio de toneladas de papel y objetos inservibles, siendo por otra parte los tebeos especialmente útiles para lograr recluirme y apartarme de la sociedad.

La mayoría de las reseñas y artículos que pululan por la red hablan de actos conmemorativos, exposiciones y demás, pero como yo soy de natural mezquino y cicatero, me centraré en contar, de manera totalmente subjetiva, las pequeñas grandes miserias vistas durante esos cuatro días.


De entrada, logré entrar en el recinto con mi correspondiente acreditación de “autor”, lo que no dice mucho acerca de la categoría de este tipo de acontecimientos, para qué engañarnos; tras de mí, observé a varios ejemplares de representantes de “prensa acreditada”: hablando en plata, tenían una bitácora de esas, lo que no mejoró mi impresión. No es que quiera señalar a nadie, pero ya sabemos que clase de sujetos se dedican a montar bitácoras.

Una vez en el interior (y, según pasan los días alrededor del salón), puedes tropezarte con la forma de vida más baja del frikismo: los aficionados disfrazados. Entiéndanme: nada tengo en contra de disfrazarse, yo lo hago a lo largo de la semana para ganarme la vida, lo mismo que los del puesto de Norma, pero disfrazarse por puro gusto, sin ir borracho ni tener una remota esperanza de echar un polvete, (me remito a la entrada de la Srta. Deprofundis) es algo que se escapa a mi comprensión. Así pude ver adolescentes (y no tanto) vestidos de la Guerra de las Galaxias, superhéroes o de espartanos, (con físicos de sibarita) y un montón de series japonesas de las que no tengo ni idea y me indican que empiezo a estar yayo, lo que me cabreaba aun más. Y aquello no había hecho nada más que empezar...



Dionígenes