miércoles, julio 19, 2006

El Zoco en la administración

En este edificio gubernamental donde trabajo bajo la aparente normalidad de los funcionarios se oculta un zoco. No es algo que se aprecia a simple vista pero poco a poco vas dándote cuenta de que los ociosos funcionarios son presa codiciada para todo tipo de vendedores y mercachifles. Muchos ellos aúnan elevados sueldos con la posibilidad de gastarlos completos, aquí no hay que ahorrar por si hay reducción de plantilla.

La primera pista fue la vendedora del Círculo de lectores que acude puntualmente a su cita, repartiendo libros entre la clientela sin ningún disimulo. Tampoco es rara la aparición de vendedores de cupones, billetes de lotería etc... que recorren el edificio despacho por despacho compra compra siempre toca. Otros que no faltan a su cita con el dinero fácil son toda clase de ONG que te prometen por medio de tus buenas acciones de hoy un asiento junto al profeta en el más allá. Pero lo más increíble escapa a los ojos poco atentos de los profanos. El otro día un rumor se fue extendiendo poco a poco por toda la planta 3 mientras todas las funcionarías desaparecían en el baño, cuando pregunté extrañado me explicaron "están vendiendo joyas de la India, plata de ley of course, a precios increíbles" luego me dijeron que si quería alguna para mi novia paisa mocho barato mocho barato tu comprar.

Los remedios mágicos también son frecuentes y a veces la música hindú y el olor del incienso se combinan con los "polvos mágicos de Alí Meléndez" bálsamo de todo mal. También vemos a menudo a la famosa "Carmen de España" (funcionaría de la planta 4 algo desequilibrada) que te hace la carta astral y te advierte de lo que te depara el horóscopo.

La última sorpresa la he tenido hoy cuando he entrado en el despacho de la esquina (ese que es un poco más discreto y oculto a miradas indiscretas) había una guapa joven acompañada del que sin duda era su esclavo/guardaespaldas vendiendo bikinis brasileños y prometiendo efectos mejores a los de la celebrada viagra. Me he marchado asustado toda su clientela superaba los 50 años.

Alí Vespinoza desde el zoco de la Consejería de Agricultura

4 comentarios:

ricardo dijo...

Qué certera descripción de este nido de mercaderes. Quizás te falte la viajera que, por un café, te cuenta sus historias de lejanas tierras y te buesca el billete más baratito para tus vacaciones. Deberían quitar el ascensor y poner un, mucho más adecuado, "Egyptian Elevator"

JOHNNY INGLE dijo...

Indudablemente hace falta expulsar a los mercaderes del templo de la Administración.

Yo supe de una que trancaba el despacho porque venían a pintarle las uñas...

Yo vivo un poco al margen de estos antros funcionariales de corrupción mercantil (recuérdese que me dedico a las ovejas), pero tengo un amigo que hace no mucho se portó tal que el Maestro en Jerusalmen, pero esta vez con unos vendedores de Planeta. Vinieron dos trajeados y le rogaron que les prestara una sala para publicitar una enorme enciclopedia (pobres, no se enteran de que ya lo único que mola es la Wilkipedia). Mi amigo les dijo que nones, que había que acabar con esa imagen de la Administración, que allí estaban para trabajar y no para perder el tiempo comprando. Y se van.

Pero al cabo de una semana mandan otra emisaria de Planeta, esta vez la tía más despampanente, unas tetas reventonas para caerse muerto. Mi amigo no había visto nada igual en su vida. Algo así como una Angelina Jolie pero vendiendo enciclopedias. Aquello era una tentación muy grande, mi amigo no podía apartar la mirada de las tetas duras y prometedoras... Su voluntad estará rendida a estas alturas, habría pensado la vendedora.

Pero al final mi amigo le dijo que ni de coñas, y que se fuera con sus tetas a otra parte, que esta Administración Pública no se vende.

Yo creo que mi amigo es maricón.

Edmundo Mantel dijo...
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Edmundo Mantel dijo...

Por estos lares también vienen los del Círculo, los vendedores de plantas, los cuponistas, y hasta una vez vino un tipo de El Corte Inglés a intentar convencerme para que me hiciera la tarjeta. El menda estaba tan extrañado de que rechazara las "enormes ventajas" de su tarjeta, que no se quería ir. Hasta que lo eché.

También tuve que echar de la entrada de mi casa a un guaperas que decía venir en nombre de la Disney a ofrecernos sus cuentos y videos fascistas y pro-cristianos, con esa sonrisa de payaso lame-musgo que suelen llevar los vendedores de nubes. A ese le tuve que gritar, porque no se iba, el muy capullo.

Ninguno de esos tenía tetas.

No soy un tipo violento. Pero es que a veces...

Perfectos saludos.